¿Junco o ciprés? ¿Qué eres tú?

06.05.2015 20:14

Montaña abajo fluía el agua de un riachuelo, sin grandes cambios ni bruscas corrientes, siempre tranquila y sosegada. La naturaleza fue brotando en los márgenes del riachuelo, cipreses y otros árboles habían crecido hasta alcanzar un tamaño importante, también flores, juncos y otras hierbas…
Día tras día la paz reinaba alrededor del riachuelo, el agua tranquila y cristalina fluía sin perturbaciones, la fauna se acercaba a beber confiada y la flora crecía despreocupada.

Un día, un mal día para nuestro riachuelo y para su entorno, el viento comenzó a soplar con gran intensidad y la lluvia caía con mucha fuerza….  Un día, otro día y cada vez la tempestad se hacía más fuerte, agitando el agua del riachuelo y poniendo en un apuro a la flora y a la fauna que lo habitaba.

Los que pudieron, como los animales, buscaron refugio y no asomaron el hocico hasta que la tempestad pasó, pero para otros buscar un refugio no fue una opción. Las flores, los juncos, las hierbas y los árboles tuvieron que afrontar la tempestad. Al principio los árboles se veían seguros y confiados, eran los más altos y los más  fuertes de su especie, podían con eso y con más, eran los más duros del lugar.

El viento siguió soplando y las ramas de estos árboles comenzaron a partirse, preocupados, empezaron a dudar de sus capacidades y observaron qué hacían los demás que estaban enfrentándose a lo mismo… Entonces vieron a los juncos, pero los jucos… ¡Los juncos bailaban bajo la lluvia! O eso pensaron los fuertes árboles cuando les vieron contonearse al ritmo del temporal.

Y es que ya lo dijo Darwin hace mucho tiempo: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”

Aquí reside la importancia de la flexibilidad. Adaptarnos rapidamente a las circunstancias, saber responder ante distintas situaciones, previstas o no, y ante diferentes personas, nos facilitará la conviviencia con el entorno. Al comportarnos de forma rígida e inflexible nos limitamos a nosotros mismos innecesareamente. 

De todos modos, si los juncos no son los tuyo, ¡siempre te quedará el mimbre, que se dobla antes de partirse!